Sigrídur Níelsdóttir es toda una inspiración.








El otro día fui a ver uno de los documentales que han formado parte de la programación del In-Edit de este año, el Festival Internacional de Cine Documental Musical que tiene lugar por estas fechas en Barcelona. Este documental se llama Grandma Lo-Fi: The Basement Tapes of Sigrídur Níelsdóttir y quiero compartirlo con vosotros porque realmente me ha emocionado mucho.

Grandma Lo-Fi narra la historia de Sigrídur Níelsdóttir, una mujer nacida en Dinamarca que se trasladó a Islandia siendo muy jovencita con la esperanza de que su amor, un marinero perdido en la mar, apareciera con vida después del naufragio de su barco. Pese a que no apareció nunca, Sigrídur hizo de esta isla no sólo su hogar sino también el centro de operaciones en el que dio vida a sus creaciones musicales y plásticas.

Fue allí donde, después de dar algunas vueltas por el mundo, trabajó casi sin descanso en su carrera más artística. Una carrera que inició con 70 años y que se tradujo en más de 50 Cds grabados en el salón de su casa -que suman más de 500 canciones- y una buena colección de collages. Canciones y collages hechos con todo su corazón y con gran parte de los utensilios que utilizaba para cocinar.

Prácticamente todo lo que esta grandma necesitaba para trabajar estaba, literalmente, al alcance de su mano y la mayoría de los elementos a los que recurría para dar vida a sus canciones se encontraban en su propia cocina (cuando no era ella la que los imitaba con su voz). Era en este espacio donde se generaban los sonidos, para ella, más interesantes.

Una vez que Sigrídur capturaba estos sonidos, que podían ser el de la batidora, el del rallador de queso o el del agua que cae del grifo, los mezclaba y combinaba con las bases que venían por defecto dadas en su “entertainer”, que es como llamaba a su teclado eléctrico. Y sobre estas bases inventaba sencillas melodías al piano a las que ponía voz y letra. Con todo a punto, grababa un cd tras otro y diseñaba su portada. Hacía fotocopias a color, las recortaba y listo.

El resultado es realmente extraño y, puede que para muchos, bastante cutre. Pero sólo por la pasión, el cariño y la entrega que esta señora proyectó en los últimos 10 años de su vida, creo que merece la pena que visitéis la página web en la que pueden verse sus trabajos  y que la conozcáis en carne y hueso a través de este precioso documental, aquí el trailer.

Para mi gusto, no tiene desperdicio.

Ojalá que lleguemos a los 70 con la misma energía y ganas de hacer cosas.

¡Larga vida a Sigrídur!

-p. 
 
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